Euforia literaria juvenil actual: los best-sellers, ¿una nueva moda literaria y cinematográfica?
Víctor Miguel Rodríguez, en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) | La Rotativa Digital
Resultan
sorprendentes las tendencias que, cada más, devoran los adolescentes. La
mayoría de los jóvenes de hoy consumen un determinado producto influenciados,
ya sea por la campaña de marketing, por el círculo en el que se mueven o, simplemente,
porque se ha convertido en la moda del momento. No hablo sólo de la cantidad de
tecnología a la que muchos de los adolescentes tienen acceso y con la que están
acostumbrados a convivir -a pesar del período de austeridad económica que
estamos atravesando- o el atuendo del que presumen, puesto que cualquier artículo
puede llegar a ser una exitosa novedad en
cualquier ámbito.
Un claro
ejemplo que podemos observar desde hace doce años atañe a la literatura contemporánea.
¿Recuerda cuándo fue la última vez que entró en una librería sin ojear los éxitos
de ventas, ya colocados estratégicamente? Por el año 2000, las aventuras del
joven mago, Harry Potter, fruto de la
imaginación de la británica J.K. Rowling, despertaron la euforia juvenil en
todo el mundo. Hoy extraño es el día en que no se venda un best-seller figurando en su portada la típica frase publicitaria que
garantiza el consumo entre los adolescentes: “Del autor de…, llega…”, y si va acompañado de una versión cinematográfica, lo traducimos en "éxito seguro".
Productos oficiales del Fenómeno mundial 'Harry Potter' | Fuente: favim.com
La
destrucción de un anillo que supone el fin de la Tierra Media (El señor
de los anillos), el triángulo amoroso entre una adolescente y dos seres
sobrenaturales (Crepúsculo), la
batalla a muerte entre jóvenes de 12 y 18 años en un concurso televisado como
castigo por una antigua rebelión (Los
juegos del hambre) y la relación sadomasoquista entre una universitaria y
un empresario que esconde un trágico pasado (50 sombras de Grey) son algunos de los argumentos predilectos de
los best-sellers contemporáneos. Mientras
que algunos lectores se adentran en el mundo de la literatura y descubren
clásicos como Madamme Bovary de
Gustave Flaubert o Las desventuras del
joven Werther, de Johann Wolfgang Goethe,
demasiados son los adolescentes que
sólo lee este tipo de novela y se pierden complejas historias con las que
podrían disfrutar plenamente en cada página. Estemos en el tranvía, en un avión, paseando por la calle o en una cafetería; alguna vez nos hemos topado con algún individuo leyendo uno de estos libros tan reconocidos o, simplemente, lo luce llevándolo consigo.
Hasta
la fecha, "el público juvenil ha determinado las pautas de la calidad de la
literatura mundial. Ellos son los que mueven el mercado y la mayor cantidad de
dinero en las editoriales", ya lo dice el vídeo. No obstante, el cine ha mostrado también su interés
por los best-sellers, desde hace ya algunos
años se lucran de los éxitos en taquilla de sus adaptaciones a la gran
pantalla. ¿Acaso escasean las ideas originales como para recurrir a la historia de un libro o la de un videojuego? ¿Dónde están esos guionistas que con tramas mediocres han logrado que el éxito de la película inédita esté asegurado?
El
debate más avivado en la actualidad, lo constituye la fractura que existe entre
el mundo cinematográfico y el literario. Si te has preguntado alguna vez qué diferencia hay entre una película y la historia que figura en la novela, resulta que hay una profusión entre
ambos lenguajes artísticos, ya que la literatura también bebe de las fuentes,
los ritmos y los recursos del cine. Al igual que el argumento de un best-seller es llevado al cine y beneficia
a dicha industria. Tanto la literatura como el cine colaboran mutuamente. Sin
embargo, debe partirse de que constituyen dos propuestas artísticas
completamente diferenciadas. No se puede comparar la profundidad que nos ofrece
una novela con la historia sintetizada que nos muestra un filme, porque no es
lo mismo. De hecho, resulta curioso que ningún escritor suele estar
satisfecho con la versión cinematográfica de su libro porque se trata de dos
profesiones distintas, y por lo tanto, dos lenguajes diferentes. Por
ejemplo, la música. Muchas partes de una novela, lo verbal puede ser suplido
por la música en una película. El cine no es literatura. El cine sugiere
más que dice y, en una hora y media de película, debe sintetizar el contenido
de esa novela. Por el contrario, la obra literaria ofrece la
profundización en un mundo que el propio autor creó con el fin de que se comprenda
la actuación en todo momento de sus personajes.
Pero, ¿por qué les parece tan atractivos
este tipo de producto a los jóvenes? En
lo que respecta al cine, por lo fácil. Los adolescentes no se atreven a conocer
nuevas historias teniendo que pagar siete euros de entrada o más.
No obstante, si tienes Millenium, Harry Potter o Crepúsculo consumen el producto, pasando
desapercibidas muchas cintas cinematográficas, tal y como sucede con las obras
literarias que compiten con los best-sellers.
Estas
novelas son un interesante producto sociológico porque son fenómenos de masas y
como tales, las películas deberán responder ante estos fenómenos de gran espectación de
los best-sellers. Son cosas que funcionaron muy bien
en el mercado literario y que pretenden que sean también un acontecimiento
sociológico en el mercado cinematográfico. A esto debemos añadirle que se trata
de un gran producto económico. Previamente se realizan una serie de estudios de
mercado para saber si tendrán éxito o no. En caso negativo no se llevan cabo.
Pero, ¿dónde quedó el cine clásico? ¿Y esas obras literarias que pasaron a la
posteridad? Al parecer, hoy día, el productor que traslada ese producto
literario que tuvo éxito y una gran aceptación en las tiendas, él entiende que
va a funcionar igual de bien en el medio cinematográfico. Ya puede decirse que llamamos cine a todo...O tan sólo será que tanto el séptimo arte como la literatura se están adaptando a la situación social actual, a las nuevas inquietudes y necesidades de los jóvenes que cada vez más son muy exigentes.
Cierto es que el cine incentiva la lectura de los best-sellers, al igual que las lectura de determinadas novelas despierta la curiosidad del lector por conocer su versión cinematográfica. Sin embargo, cada individuo decide el camino por el cual llega a consumir el producto, aunque en ocasiones el merchandising y la publicidad influyan en la decisión final, así como el 'boca a boca' de la gente y su acogimiento masivo.
Es evidente que ha cambiado la manera de hacer literatura, al igual que la manera de hacer cine. Se puede disfrutar de una buena historia tanto con su producto literario como cinematográfico, pero ¿se han convertido los cineastas en los nuevos mecenas de los escritores? ¿Y los escritores en los nuevos mecenas de los cineastas? ¿Exigen los adolescentes una ficción alternativa a la realidad a la que se aferran para evadirse en los tiempos que corren? ¿O simplemente esta 'moda' responde a unas necesidades inmediatas del lector/a? Del autor de Sólo buenas historias, llega Sólo lo más vendido.
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