sábado, 15 de diciembre de 2012

Euforia literaria juvenil actual: los best-sellers, ¿una nueva moda literaria y cinematográfica?



Víctor Miguel Rodríguez, en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) | La Rotativa Digital

Resultan sorprendentes las tendencias que, cada más, devoran los adolescentes. La mayoría de los jóvenes de hoy consumen un determinado producto influenciados, ya sea por la campaña de marketing, por el círculo en el que se mueven o, simplemente, porque se ha convertido en la moda del momento. No hablo sólo de la cantidad de tecnología a la que muchos de los adolescentes tienen acceso y con la que están acostumbrados a convivir -a pesar del período de austeridad económica que estamos atravesando- o el atuendo del que presumen, puesto que cualquier artículo puede llegar a ser  una exitosa novedad en cualquier ámbito.

Un claro ejemplo que podemos observar desde hace doce años atañe a la literatura contemporánea. ¿Recuerda cuándo fue la última vez que entró en una librería sin ojear los éxitos de ventas, ya colocados estratégicamente? Por el año 2000, las aventuras del joven mago, Harry Potter, fruto de la imaginación de la británica J.K. Rowling, despertaron la euforia juvenil en todo el mundo. Hoy extraño es el día en que no se venda un best-seller figurando en su portada la típica frase publicitaria que garantiza el consumo entre los adolescentes: “Del autor de…, llega…”, y si va acompañado de una versión cinematográfica, lo traducimos en "éxito seguro".

  
            Productos oficiales del Fenómeno mundial 'Harry Potter' | Fuente: favim.com

La destrucción de un anillo que supone el fin de la Tierra Media (El señor de los anillos), el triángulo amoroso entre una adolescente y dos seres sobrenaturales (Crepúsculo), la batalla a muerte entre jóvenes de 12 y 18 años en un concurso televisado como castigo por una antigua rebelión (Los juegos del hambre) y la relación sadomasoquista entre una universitaria y un empresario que esconde un trágico pasado (50 sombras de Grey) son algunos de los argumentos predilectos de los best-sellers contemporáneos. Mientras que algunos lectores se adentran en el mundo de la literatura y descubren clásicos como Madamme Bovary de Gustave Flaubert o Las desventuras del joven Werther, de Johann Wolfgang Goethe, demasiados son los adolescentes  que sólo lee este tipo de novela y se pierden complejas historias con las que podrían disfrutar plenamente en cada página. Estemos en el tranvía, en un avión, paseando por la calle o en una cafetería; alguna vez nos hemos topado con algún individuo leyendo uno de estos libros tan reconocidos o, simplemente, lo luce llevándolo consigo. 


Hasta la fecha, "el público juvenil ha determinado las pautas de la calidad de la literatura mundial. Ellos son los que mueven el mercado y la mayor cantidad de dinero en las editoriales", ya lo dice el vídeo. No obstante, el cine ha mostrado también su interés por los best-sellers, desde hace ya algunos años se lucran de los éxitos en taquilla de sus adaptaciones a la gran pantalla. ¿Acaso escasean las ideas originales como para recurrir a la historia de un libro o la de un videojuego? ¿Dónde están esos guionistas que con tramas mediocres han logrado que el éxito de la película inédita esté asegurado?

El debate más avivado en la actualidad, lo constituye la fractura que existe entre el mundo cinematográfico y el literario. Si te has preguntado alguna vez qué diferencia hay entre una  película y la historia que figura en la novela, resulta que hay una profusión entre ambos lenguajes artísticos, ya que la literatura también bebe de las fuentes, los ritmos y los recursos del cine. Al igual que el argumento de un best-seller es llevado al cine y beneficia a dicha industria. Tanto la literatura como el cine colaboran mutuamente. Sin embargo, debe partirse de que constituyen dos propuestas artísticas completamente diferenciadas. No se puede comparar la profundidad que nos ofrece una novela con la historia sintetizada que nos muestra un filme, porque no es lo mismo. De hecho, resulta curioso que ningún escritor suele estar satisfecho con la versión cinematográfica de su libro porque se trata de dos profesiones distintas, y por lo tanto, dos lenguajes diferentes. Por ejemplo, la música. Muchas partes de una novela, lo verbal puede ser suplido por la música en una película. El cine no es literatura. El cine sugiere más que dice y, en una hora y media de película, debe sintetizar el contenido de esa novela. Por el contrario, la obra literaria ofrece  la profundización en un mundo que el propio autor creó con el fin de que se comprenda la actuación en todo momento de sus personajes.

Pero, ¿por qué les parece tan atractivos este tipo de producto a los jóvenes? En lo que respecta al cine, por lo fácil. Los adolescentes no se atreven a conocer nuevas historias teniendo que pagar siete euros de entrada o más. No obstante, si tienes Millenium, Harry Potter o Crepúsculo consumen el producto, pasando desapercibidas muchas cintas cinematográficas, tal y como sucede con las obras literarias que compiten con los best-sellers

Estas novelas son un interesante producto sociológico porque son fenómenos de masas y como tales, las películas deberán responder ante estos fenómenos de gran espectación de los best-sellers. Son cosas que funcionaron muy bien en el mercado literario y que pretenden que sean también un acontecimiento sociológico en el mercado cinematográfico. A esto debemos añadirle que se trata de un gran producto económico. Previamente se realizan una serie de estudios de mercado para saber si tendrán éxito o no. En caso negativo no se llevan cabo. Pero, ¿dónde quedó el cine clásico? ¿Y esas obras literarias que pasaron a la posteridad? Al parecer, hoy día, el productor que traslada ese producto literario que tuvo éxito y una gran aceptación en las tiendas, él entiende que va a funcionar igual de bien en el medio cinematográfico. Ya puede decirse que llamamos cine a todo...O tan sólo será que tanto el séptimo arte como la literatura se están adaptando a la situación social actual, a las nuevas inquietudes y necesidades de los jóvenes que cada vez más son muy exigentes.

Cierto es que el cine incentiva la lectura de los best-sellers, al igual que las lectura de determinadas novelas despierta la curiosidad del lector por conocer su versión cinematográfica. Sin embargo, cada individuo decide el camino por el cual llega a consumir el producto, aunque en ocasiones el merchandising y la publicidad influyan en la decisión final, así como el 'boca a boca' de la gente y su acogimiento masivo. 

Es evidente que ha cambiado la manera de hacer literatura, al igual que la manera de hacer cine. Se puede disfrutar de una buena historia tanto con su producto literario como cinematográfico, pero ¿se han convertido los cineastas en los nuevos mecenas de los escritores? ¿Y los escritores en los nuevos mecenas de los cineastas? ¿Exigen los adolescentes una ficción alternativa a la realidad a la que se aferran para evadirse en los tiempos que corren? ¿O simplemente esta 'moda' responde a unas necesidades inmediatas del lector/a? Del autor de Sólo buenas historias, llega Sólo lo más vendido.